Vacunación y VIH: un tema de seguridad sanitaria


Jueves 26 abril 2018—-. La caída sostenida de inmunizaciones los últimos años, así como el alarmante aumento de contagios de VIH en jóvenes, indican el claro retroceso en materias altamente sensibles que no tuvieron un profundo abordaje en la anterior administración.

Ambas se enmarcan en la acción preventiva que debe ejercer la autoridad sanitaria; cuya suerte de abandono durante el gobierno de la Nueva Mayoría hoy está generando repercusiones tanto en la salud como en el bolsillo familiar y fiscal, y amenaza retrotraer confianza internacional en la efectividad de las políticas públicas nacionales en salud que tanto esfuerzo ha costado ganar a lo largo de las últimas décadas.

Ello ha planteado al gobierno actual un nuevo deber. Felicito a la seremi de Salud María Angélica Hildebrandt y al ministro Santelices por el énfasis que han querido darle tanto a las campañas de vacunación, como a reponer el trabajo preventivo y control de VIH.

La baja sostenida en inmunización por enfermedades “de invierno” tiene consecuencias directas en el atochamiento de consultorios y servicios de urgencia, lo que complica atender en condiciones de oportunidad y calidad.

Por otra parte, es indiscutible la, propagación exponencial del contagio de VIH. Según el informe de ONUSIDA junio del año pasado, al 2016 Chile fue el país que más aumentó el número de casos nuevos de VIH en Latinoamérica, con un 34%. Entre los 15 y los 19 años aumentó un 125%, mientras que entre los 19 y 24 años, la cifra llegó a un 113%.

Y es que en ambos casos, no se trata sólo de una decisión personal de vacunarse, o como en el VIH, de protegerse o no en medio de una relación sexual. En ambos casos la decisión personal tiene consecuencias colectivas. He ahí precisamente una de las causas del crecimiento de estas enfermedades.

Es prioritario que la comunidad entienda que la vacunación, así como el cuidado en las relaciones, ya no es una cosa de elección personal. No es como decidir si quiero comer mantequilla o margarina. Basta un solo sujeto en una comunidad que no se haya vacunado, o un contacto sexual sin el debido cuidado, para poner en peligro a terceros.

Las políticas de control sanitarias sólo tienen efecto cuando hay un esfuerzo colectivo irrestricto que permita proteger de la enfermedad al individuo y erradicar su propagación hacia nuevas poblaciones en riesgo. Y para ello la herramienta más eficaz, oportuna y barata siempre será la prevención.