El derecho a un buen morir

Una muerte digna y calidad de vida es lo mínimo que esperamos todas las personas para el final de nuestra existencia… pero ¿qué pasa hoy día con la protección de los derechos de aquellos que sufren enfermedades terminales?

Nuestra Constitución Política señala que “las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. Claro está que una persona en estado inminente de muerte, no deja de tener los derechos que el Estado garantiza en nuestra Carta Magna.

En esta línea, hace algunos días en la Cámara Baja iniciamos –justamente- la discusión de un proyecto impulsado por el Ejecutivo sobre el reconocimiento y protección de los derechos de las personas con enfermedades terminales y el buen morir.

Esta iniciativa viene de alguna manera a cumplir con el objetivo de –valga la redundancia- reconocer a las personas que se encuentran en estado de enfermedad terminal, el derecho a los debidos cuidados paliativos, que consagren la garantía constitucional de igualdad en dignidad y derechos, aún frente a la muerte e incluso en sus propios domicilios.

Estamos en la obligación de abordar este tema desde la perspectiva de la dignidad de la persona y de la calidad de vida al final de ésta; sobre todo en relación a los cuidados paliativos que se deben otorgar, considerando además a su familia y a aquellos que lo cuidan. No debemos olvidar que las enfermedades no distinguen ni edad, ni clase social, ni nivel socioeconómico.

Ahora, creo que también es preciso recordar que en Chile aumenta cada vez más la población envejecida. Las cifras nos señalan que en 2025 el 8,33% de la población será mayor de 65 años, y que para el 2050 será el 21,61%. Por lo tanto, esta realidad nos debe llevar a aprobar políticas públicas de salud que vengan a preparar el escenario al cual nos veremos enfrentados en un futuro próximo, nos guste o no.

Por otro lado, es importante considerar que la inclusión de los cuidados paliativos en la etapa precoz de una enfermedad, ha demostrado ser un beneficio en la calidad de vida del paciente y también en la calidad de vida de quien está a su cuidado, y a su vez resulta en un uso mucho más eficiente de los recursos, pues genera una menor tasa de hospitalización y uso de días cama.